La elegancia no ha muerto (aún)

 

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Hace tiempo que quería publicar alguna entrada sobre moda masculina. Aunque estoy menos puesta que con la moda femenina, hay algunos temas de los que me apetecía hablar. Y los Dandis es uno de los primeros en los que pensé. El estilo dandi representa para mí uno de los máximos exponentes de la elegancia masculina. Es una moda que data de la Inglaterra de la Regencia, pero se sigue usando hoy en día, modernizando algunos detalles.

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Brummell, creador de la estética masculina elegante actual

“George Bryan Brummell,  conocido como Beau Brummell  fue el “Dandi” de su época  (un hombre que se considera elegante y refinado, y cuya actitud ante la vida se caracteriza por la desgana, el aburrimiento y el desprecio por los gustos del vulgo)  fue icono de la moda en la Inglaterra y amigo del Príncipe  de Gales, todo envuelto en una historia casi de fantasía. Nació en  Londres,  un 7 de junio de 1778.

A la muerte de su padre, el joven George empezó a gastar la fortuna heredada comprando ropa,  finas camisas, corbatas, sombreros, guantes y bastones.

Un día, en una lechería de moda en el Green Park de Londres, mientras estaba hablando con la propietaria, entró el príncipe de Gales en compañía de la marquesa de Salisbury.

El príncipe, que quería ser conocido como el primer caballero de Europa, miró con admiración y no sin cierta envidia a Brummel, pues vio en él una impecable corbata, un no menos impecable conjunto de casaca, chaleco y pantalón y unos brillantes zapatos de punta afilada que se había puesto entonces de moda.

El príncipe de Gales era gordo, y gastaba miles de libras en su vestimenta y los accesorios correspondientes (se dice que se le iban cien mil libras al año en cosas de vestir).

Brummel era alto, bien plantado y causó  tan buena impresión en el príncipe de Gales que éste le convirtió en su amigo, lo cual llenó de estupor a la aristocracia londinense, que vio cómo el nieto del confitero asistía a las íntimas reuniones principescas. Por supuesto su elegancia llamó la atención y enseguida fue copiada. Un detalle bastará para indicar la diferencia entre la elegancia natural de Brummel y la de sus imitadores. Había heredado una fortuna de 30 libras a la muerte de su padre.

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El auge de su vida

Beau Brummell empezó así una brillante carrera como ministro de la moda y el gusto. La nobleza, los poderosos y las mujeres bellas se rendían ante sus dictados. Era un dandy, un exhibicionista, un ingenioso, verdaderamente original, que no dudó un solo instante de su buen gusto por las ropas, ni del deseo de imponer ese gusto a los demás, ni de dejar de gastar parte de su fortuna en su ropa.

A Brummell se le atribuye la creación del traje moderno de caballero vestido con corbata o algún tipo de pañuelo anudado al cuello; también el haberlo puesto de moda. Este traje se viste ahora en casi todo el mundo en ocasiones formales y de negocios.

Nada más lejos de su mente las ropas excéntricas o colores histéricos. Aspiraba al difícil y quizás imposible arte de pasar notoriamente desapercibido («conspicuosly inconspicuous»). Pudo haberlo logrado alguna noche, o tal vez algunos momentos, durante su vida, que vivió como un sueño.

Un hombre apuesto con un ingenio mordaz  y popular en los círculos aristocráticos, Brummell fue el primero en popularizar realmente el precursor del traje moderno, un híbrido del uniforme militar formal mezclado con un práctico vestido de caballero inglés. Esto usualmente implicaba usar un abrigo azul oscuro, un chaleco beige (algodón amarillento), pantalones de montar amarillos o hasta la rodilla y botas de montar negras. Durante el próximo siglo, los hermanos sastrería de Londres en Conduit Street, Cork Street y Savile Row volvieron a trabajar y refinaron este conjunto para crear lo que reconoceríamos como el traje que apreciamos hoy.

Tardaba más de dos horas en vestirse, por lo que era un espectáculo al que asistían algunos selectos amigos. entre ellos el príncipe de Gales. Su forma de ponerse la corbata era esperada por todos con ansiedad. Recuérdese que las corbatas de entonces consistían en unas largas tiras de tela que daban varias vueltas alrededor del cuello y se dejaban caer sobre el pecho en forma negligente. Brummel se levantaba el cuello de la camisa, entonces de proporciones considerables, hasta que casi le tapaba la cara y a continuación se anudaba la corbata, cosa no muy sencilla al parecer por cuanto ensayaba diez, quince v hasta veinte veces acertar con el nudo. Cada vez que fallaba, la corbata era tirada al suelo y reemplazada por otra. Cuando por fin quedaba satisfecho, Brummel miraba las corbatas desechadas y decía:

– ¡Hay que ver cuántos errores se cometen!

 

“Era el hombre por excelencia de Mayfair que amaba evaluar a las mujeres desde la ventana y, al mejor estilo de la clase alta, comprar una belle de jour para una hora de diversión o un caballo en Tattersalls durante más tiempo. Luego estaban las azafatas de la sociedad para tomar el té, las apuestas y el juego. Los señores de la regencia rara vez se aburrían.” Colin McDowell

“¿De verdad dijo que sus botas fueron pulidas con champaña? ¿Afirmó que la corbata perfectamente atada podría estar precedida por hasta cinco intentos fallidos arrugados en el suelo frente a su espejo, un ritual en el que se afirma que el príncipe regente adoptó a su vez? ¿Realmente hizo la observación que definiría la arrogancia de la clase alta hasta el siglo pasado, cuando opinó que si John Bull (el público) volteaba a verte, entonces no estabas bien vestido?” Colin McDowell

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Su estilo

Brummell era exigente acerca de cómo adaptar su ropa y defendió el credo de sastrería con respecto a la importancia del corte, el ajuste y la proporción. Pasaría horas con su sastre, Jonathan Meyer, midiendo cada proporción de su cuerpo, corrigiendo detalles como por ejemplo la forma de arrugarse del codo cuando se apoyaba en el (la “prueba del pub”). 

Brummell casi siempre solo usaba cuatro colores, azul, negro, beige y blanco, e insistía en que un hombre debía usar un color dominante al que el resto del atuendo debería estar subordinado. El color predominante que uno elige, dijo, “estará indicado por la situación, la edad, la forma y la complexión del usuario”.

También insistió en lavarse todos los días (ciertamente no era la norma entonces) y siempre llevaba puesta una camisa recién lavada. De hecho, el acto de vestirse tomó una especie de dimensión espiritual para él. Como biógrafo de Brummell, Ian Kelly, escribió: “Su Dandismo … invocó más que la ropa: era una forma de ser”.
Brummell involuntariamente se convirtió en el catalizador de lo que se recuerda como “La Gran Revolución Masculina”, cuando la ropa masculina evolucionó de un simple boato superficial para convertirse en herramientas personales para expresar de prestigio y poder.

 

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https://www.mjbale.com/style/Beau-Tie–The-Legacy-of-Beau-Brummell–Inventor-of-the-Modern-Suit.html

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El dandi del siglo XXI

SILUETA: Permanece el “Slim fit”, silueta ajustada.

CUELLO:  EL CUELLO NO TIENE SECRETOS
Apostamos por los nudos estrechos y sencillos que demuestran que le dedicamos el tiempo necesario a la corbata. Por la noche la pajarita no tiene secretos para nosotros y, por supuesto, dominamos cualesquiera que sea la camisa que nos pongan por delante, incluso el cuello pasador.

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De uno o dos botones, acentuando así lo antes dicho en la silueta, e incluso cruzada. Las solapas se estrechan y apostamos por las de muesca o de pico. Para la noche también admitiremos las de esmoquin. La largura por encima de la cadera, consiguiendo un efecto óptico que alarga nuestra figura. Habitual combinación con chalecos. 

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PANTALONES: El patronaje, como ya hemos mencionado se vuelve muy importante: nada de bolsas, todo ajustado y en su sitio. Ahí está la clave. Doblado hacia afuera en la parte del tobillo, le añade un toque de estilo. 

MATERIALES:
Desde el algodón a las lanas frías pasando por la lujosa seda, una conquista del hombre moderno que el dandi del siglo XXI sabe manejar como nadie. Colores y estampados sencillos y elegantes. En ocasiones, incorpora estampados de cuadros, manteniendo el resto del conjunto sencillo para conservar elegancia. d412675c8ffc09d89bceffe5985df312

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LA CLAVE ESTÁ EN LOS ACCESORIOS Y PEQUEÑOS DETALLES

Los zapatos de cordones, el maletín y la cartera de lujosas pieles, y las gafas de pasta (esto marca de la casa). Todo el mundo del dandi gira entorno a la elegancia y personalidad que otorgan las pequeñas cosas. No pueden faltar los sombreros, y las pajaritas. Pitilleras, relojes, gemelos. 

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I‘ve wanted to publish some post about men’s fashion for a long time. Although I’m usually more focused on women’s fashion, there are some issues that I wanted to talk about. And the dandys  is one of the first ones I thought of. The dandy style represents for me one of the greatest exponents of masculine elegance. It is a fad that dates from the England of the Regency, but it is still used today, modernizing some details.

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Brummell, creator of the current elegant masculine aesthetics

“George Bryan Brummell, known as Beau Brummell was the” Dandy “of his time (a man who considers himself elegant and refined, and whose attitude towards life is characterized by reluctance, boredom and contempt for the tastes of the vulgar) He was an icon of fashion in England and a friend of the Prince of Wales, all wrapped up in an almost fantasy story.He was born in London on June 7, 1778.

 At the death of his father, the young George began to spend the inherited fortune buying clothes, fine shirts, ties, hats, gloves and canes. One day, at a fashionable dairy in London’s Green Park, while he was talking to the owner, the Prince of Wales entered with the Marquise de Salisbury.
One day, at a fashionable dairy in London’s Green Park, while he was talking to the owner, the Prince of Wales entered with the Marquise de Salisbury.
The prince, who wanted to be known as the first gentleman of Europe, looked with admiration and not without some envy at Brummel, because he saw in him an impeccable tie, a no less impeccable set of jacket, vest and pants and bright pointed shoes sharp that had become fashionable then.
The Prince of Wales was fat, and spent thousands of pounds on his clothing and accessories (it is said that he was leaving a hundred thousand pounds a year in clothing).
Brummel was tall, well planted and made such a good impression on the Prince of Wales that he became his friend, which filled the London aristocracy with stupor, as theysaw the confectioner’s grandson attend the intimate princely meetings. Of course his elegance caught the eye and was quickly copied. One detail will suffice to indicate the difference between the natural elegance of Brummel and that of his imitators. He had inherited a fortune of 30 pounds.
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The height of his life

Beau Brummell thus began a brilliant career as minister of fashion and taste. The nobility, the powerful and the beautiful women surrendered to their dictates. He was a dandy, an exhibitionist, a witty, truly original, who did not doubt for a moment of his good taste for clothes, or the desire to impose that taste on others, or to stop spending part of his fortune on his clothes.

Brummell is credited with creating the modern suit of a gentleman dressed in a tie or some type of handkerchief knotted around his neck; also having made it fashionable. This suit now dresses in almost all the world in formal and business occasions.

Nothing farther from his mind than the clothes with lines and eccentric or hysterical colors. He aspired to the difficult and perhaps impossible art of passing noticeably unnoticed (“conspicuosly inconspicuous”). He could have achieved it some night, or maybe a few moments, during his life, which lived like a dream.

A good-looking man with a sardonic, biting wit and popular in aristocratic circles, Brummell was the first to really popularise the pre-cursor to the modern suit, a hybrid of the formal military uniform mixed with practical English country gentleman dress. This usually meant wearing a dark blue coat, buff (yellowish cotton) waistcoat, buff or white knee-length riding trousers and black riding boots. Over the coming century London’s tailoring brethren on Conduit Street, Cork Street and Savile Row reworked and refined this ensemble to create what we would recognise as the suit we appreciate today.

He took more tan two hours to get ready, so it was a show attended by some select friends. Among them the Prince of Wales. His way of putting his tie was expected by all with anxiety. Recall that the ties of the time consisted of long rows of cloth that circled around the neck and dropped negligently on the chest. Brummel raised the collar of his shirt, then of considerable proportions, until it almost covered his face and then tied his tie, not very simple to look for how he tried ten, fifteen times twenty times hit the knot. Each time it failed, the tie was thrown to the ground and replaced by another. When he was finally satisfied, Brummel looked at the discarded ties and said:

-You have to see how many mistakes are made.

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“He was the quintessential Mayfair man who loved assessing women from the window, and in true upper-class style buying a belle de jour for an hour’s fun, or a horse at Tattersalls for longer.”

 

His Style

Brummell was demanding about how to adapt his clothes and defended the tailoring creed with regard to the importance of cutting, adjusting and proportioning. He would spend hours with his tailor, Jonathan Meyer, measuring each proportion of his body, correcting details such as how to wrinkle his elbow when leaning on it (the “pub test”).

Brummell almost always only used four colors, blue, black, beige and white, and insisted that a man should wear a dominant color to which the rest of the outfit should be subordinate. The predominant color that one chooses, he said, “will be indicated by the situation, the age, the shape and the complexion of the user”.

Brummell insisted on washing daily (certainly not the norm then) and always wearing a freshly laundered shirt. In fact, the act of getting dressed took on a kind of spiritual dimension for him. As Brummell’s biographer, Ian Kelly, wrote: “His Dandyism… invoked more than clothes: it was a way of being.”

Brummell thus unwittingly became the catalyst for what is remembered as ‘The Great Masculine Revolution’, when menswear evolved from mere superficial pageantry to become personal tools of prestige and power.

 

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KEYS OF THE DANDY STYLE IN THE XXI CENTURY

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SILHOUETTE: The “Slim fit” remains.

COLLAR:  
We bet on the narrow and simple knots that show that we dedicate the necessary time to the tie. At night the bow tie has no secrets for us and, of course, we dominate whatever shirt they put on us, even the passer neck.

JACKETS: One or two buttons, accentuating the aforementioned in the silhouette, and even crossed. The flaps are narrowed and we bet on those of notch or peak. For the night we will also admit those in tuxedo. The length above the hip, achieving an optical effect that lengthens our figure. Vest can also be used underneath the open or half-open jacket. 

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PANTS: Pattern making, as we have mentioned, becomes very important: no baggy effects, everything adjusted and in place. There is the key.

 MATERIALS: From cotton to cold wool and to luxurious silk, a conquest of modern man that the twenty-first century dandy knows how to handle like no one else.
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ACESSORIES AND SMALL DETAILS: The laced shoes, the briefcase and the wallet of luxurious leathers, and the pasta glasses . The whole world of the dandy revolves around the elegance and personality that small things give.

 

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Fuentes:

https://monteverdy.wordpress.com/2010/10/23/el-hombre-que-fue-el-mas-elegante-del-mundo-en-su-epoca-george-beau-brummell/

https://www.mrporter.com/journal/journal_issue50/8

https://www.mjbale.com/style/Beau-Tie–The-Legacy-of-Beau-Brummell–Inventor-of-the-Modern-Suit.html

http://www.revistagq.com/moda/tendencias/articulos/decalogo-de-estilo-para-el-dandi-del-siglo-xxi/19606

Fotografías vía Pinterest y http://aestheticusmedia.com/tag/neo-dandy/

 

 

 

 

 


2 respuestas a “La elegancia no ha muerto (aún)

  1. Me gusta ver un articulo, para variar, dedicado a la moda masculina, moda que por cierto, no suelo seguir, al menos como en el articulo, pero que me ha resultado interesante de leer.
    Felicidades.

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